Deja de subir peldaños
- Maria Frutos Martin
- 16 oct 2017
- 2 Min. de lectura
“Murió a manos de su marido” escuchamos una y otra vez en los medios de comunicación. No morimos de la risa porque nuestro marido nos ha contado un chiste. No morimos, nos matan. Somos asesinadas. Día a día.
Más de 2.800 mujeres han sido asesinadas de lo que llevamos de año 2017, según los datos y estadísticas de la página oficial Emakunde. Pero el asesinato es el punto y final de la historia de una de nosotras. Un punto donde mucho antes ha habido palabras que cuentan emociones, historias y comportamientos. Actos diarios que vemos, vivimos y sentimos sin darles importancia. Pequeños detalles, que por insignificantes que parezcan, no dejan de ser importantes.
La socióloga Carmen Ruíz Repullo utiliza el cuento llamado “Pepa y Pepe” para hacernos ver como acceden los jóvenes poco a poco a ese círculo tan sumamente peligroso de la violencia de género.

Son pequeños peldaños que van siendo aceptados mientras vas subiendo hacia donde siempre pensaste que nunca estarías. Lo normal, querer pasar más tiempo con él. Que te hable a todas horas para saber lo que estás haciendo, porque, eso es una muestra de amor ¿verdad?. Vas apartando tus hobbies, tus aficiones, por querer estar más con esa persona, porque ella te lo pide, y tú, tú no sabes decirle que no.
Aceptas, y subes un peldaño más, pasas al control de las redes sociales, confía en ti pero… Es mejor que le des tus contraseñas, así le demuestras que no le engañas, que no le ocultas nada. Poco a poco, tu forma de ser va cambiado. Ya no eres esa mujer tan risueña, no desprendes esa energía tan viva por donde pasas, ya no, ya no eres tú. Eres lo que él quiere que seas, peor; no eres feliz.
De esta forma, el control va abarcando más áreas tu vida, de vuestra vida. Llegando incluso a las relaciones sexuales, decir que sí, por él, y no por ti. Hacer lo que no te apetece porque, como bien dice tu pareja, o tus propios pensamientos; “si le quieres lo haces, aunque no te apetezca”. No hay nada más cerca de la realidad que esa triste frase.
Así es como has ido subiendo escalones, aceptando, poco a poco. Esto es violencia de género, aunque nos hagan ver que la “violencia” sólo equivale a un labio roto.
Puede que esa chica que se sienta enfrente de ti en el bus, tu monitoria del gimnasio, tu vecina, tu madre, tu hija, o incluso, tú misma seas una de ellas. ¿Has sido víctima alguna vez? ¿Lo estás siendo?
Nunca es pronto para saber las claves de ese famoso “amor romántico” que te hacen ser una víctima más. Y mucho menos, nunca es tarde para darte cuenta de todo ello.






















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