Una chica decente (I)
- Maria Frutos Martin
- 8 dic 2017
- 4 Min. de lectura
La socióloga Carmen Ruiz Repullo hace una conferencia en La morada de Bilbao para hablar sobre la violencia machista y los mitos del amor romántico
Mientras una mujer de 20 años está a la espera de la sentencia del tribunal que juzgará si cinco sevillanos mantuvieron relaciones sexuales con ella sin su consentimiento o no, Carmen Ruiz Repullo da una conferencia sobre los mitos del amor romántico, analizando la escalera cíclica de la violencia.
“Cuando hablan de sumisión química todo el mundo piensa en la burundanga, pero no, el alcohol también es una forma de sumisión”, explica la socióloga. De una estatura media baja, con el pelo oscuro, corto y alborotado; así es ella. Ha decidido coger una silla y sentarse al ras de los espectadores, frente a ellos.

La sala está completa y se puede apreciar qué tipo de público tiene. Hay cinco hombres entre todas las mujeres. Dos de ellos vienen acompañados de una mujer. Otro callado, sólo y atento. A la otra esquina el técnico de la sala. Y por último, un hombre de mediana edad, con una libreta y un bolígrafo, dispuesto a escuchar, deseando que empiece la charla. La mayoría de las personas son de unos 40 años, y de ahí, hacia delante. Menos tres jóvenes, que se sientan juntas, una seguida de la otra.
En la sala se puede percibir cómo fluye esa energía de paz y lucha, o de lucha por la paz. Una energía fuerte pero tranquilizadora. Posteriormente, en el debate que hubo al final de la charla, se puede ver que las personas sentadas son plenamente conscientes de la importancia del reconocimiento y el legado del movimiento feminista. Del labor de todas esas mujeres que trabajan día a día para erradicar las violencias y las discriminaciones. Pero eso se verá más tarde.
El público está en silencio, todas las personas atentas a las palabras de Carmen Repullo. Habla sobre el machismo, aclarando que ya no se vive en un estado patriarcal de coerción, sino en uno de consentimiento. Lo hace con ese acento andaluz que tanto la caracteriza.
En el reproductor que está detrás de la ponente se ve cómo van pasando las diapositivas, mientras que las palabras van dando sentido a cada imagen que se proyecta. El proyector para en cuanto llega a una que tiene como título: ´La masculinidad hegemónica´. Es en ese momento cuando la socióloga explica la configuración del “ser hombre” que existe mucho antes de que el propio hombre nazca. Es decir, no ser homosexual, ser fuerte, tener apariencia, ser competitivo y no enseñar debilidad. “Esa masculinidad hegemónica no es un punto de llegada sino un proceso de demostración continua, y hay que demostrarlo cada vez que alguien lo ponga en duda”, describe definiendo así al macho alfa.
El hombre que se sienta en la fila del medio, de mediana edad, sigue observador como en el principio, coge apuntes en una libreta pequeña. Se queda mirando fijamente a Repullo, y cuando ésta acaba la frase o el concepto a lo que se está refiriendo, él escribe. Así sucesivamente.
Toda la sala suelta una carcajada en cuanto comenta el estudio que hizo Helena Dunkel sobre las relaciones afectivo sexuales en las discotecas. “Dunkel analizaba cuatro modelos de masculinidad: el buitre, el mujeriego, el pagafantas y el apañado”, describe Carmen Repullo. Con tan sólo citar los nombres de estos hombres caracterizados se rompe el silencio. Pero cuando de verdad se empiezan a escuchar comentarios y risas incontrolables es cuando empieza a describir a cada uno de ellos.
El local se vuelve serio y más frío de lo normal en el momento en el que cuenta una de todas las encuestas que ha hecho. En ella preguntaba a unos chicos adolescentes si cuando van a seducir a una chica lo hacen directos sin mentir o mintiendo. La mayoría de ellos aceptaron que mienten para mantener relaciones sexuales con ellas. “Las chicas tienen que ser conscientes de que él va a lo que va, y si ellas quieren, que acepten, pero que no las engañen”, razona, mientras mira seriamente hacia adelante.
Sin embargo, esto no se queda aquí; en la pantalla de detrás se ve un análisis de la última investigación que ha hecho, y más adelante, la conclusión. Otros seis chicos menores de edad, agresores, a los que entrevistó dijeron que su modelo de atracción era una chica “decente”. “Una chica decente en el plano afectivo y sexual, una chica que se guarde y no se haya ido con muchos chicos, que se haga respetar”, analiza mientras clava la mirada a la fila que tiene en frente.
En la sala se oye un murmullo: son las tres chicas que se han sentado juntas. Por el medio del público, a la otra esquina del hombre que anota las aportaciones de Repullo, una mujer, de unos 50 años, hace un gesto con la cabeza, aceptando lo que acaba de escuchar.
Los mitos del amor romántico que tan socialmente extendido están hoy en día es el siguiente punto a tratar. El mito de los celos, el mito de la media naranja, el de amar es sufrir y el de “el amor todo lo pude”. Los explica detenidamente, con diversos ejemplos para cada uno y poniendo como referencia a esas personas jóvenes con las que ha trabajado para sus investigaciones.
Entre la multitud del público que está atento a las palabras que se escuchan, una mano se alza. Es una mujer de entre 40 y 45 años, delgada y con pelo castaño oscuro. Inmediatamente, una trabajadora le adjudica un micrófono. “Soy profesora de infantil, y cuando los alumnos se quejan de que alguien del sexo opuesto les ha pegado, escucho mil veces a mis compañeros/as responder: quien bien te quiere, te hará llorar”, cuenta con un tono de indignación, enfado y tristeza. Se oyen cuchicheos y frases tales como “mítica frase que te dicen desde pequeño” o “nos meten en la cabeza que si te pega es porque le gustas”.
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